Relato : Historia en un bar

Historia en un bar…


Autor: Gabriel Farías 

Llega a un bar, se desahoga con un vino tinto de cosecha antiquísima, fina, delicada como lo es ella, de fondo una música de Sabina y el bullicio de los demás clientes amenizan la ruptura. Un silencio en plena algarabía acongoja sus sentimientos mientras alza sutilmente la bendita copa de vino y una gota de su llanto se confunde con el néctar de la vid, a lo lejos un caballero triste de similar suceso, ebrio, perdido; en la lucidez de su mente observa fijamente una foto, con ojos enrojecidos, aguados, sin consuelo alguno no hay llanto que cese.

El tipo de ojos llorosos se levanta, se dirige hacia la chica de delicada y fina belleza, tropieza, cae su copa, el tambaleante hombre se disculpa, deja la foto que cargaba en el mesón mientras recoge los vidrios rotos de la copa, ella observa disimuladamente el retrato que lleva consigo el desconocido, sorprendida se queda sin palabras, sin aliento.

El barista observa por si no se hace un tumulto de aquel percance, asintiendo la chica manifiesta que no. Intrigada por la foto le brinda una copa para subsanar el inconveniente - él responde- voy de salida bella dama- solo una más insiste ella - acepto - dijo el hombre, pero con una condición dejemos de lado la tristeza que cargamos y le acompañaré su noche - bueno contesta ella.

Se sirvieron una copa, pasó dos y tres hasta que la atadura de su pena regresa y le dice hace un tiempo en este lugar conocí una deslumbrante mujer, tendría tu edad, quizás, no lo sé nos enamoramos perdidamente; sabes, me aleje por trabajo, por diferencias, era casada un imposible prácticamente ¡entiendes! Como hoy es su cumpleaños quise recordarla, pero al llegar a la ciudad hace varios días me entero de que estaba muy enferma, el corazón se me hizo mil pedazos y no encuentro consuelo alguno, no sé si me perdonará por haberme ido así de repente y pues , heme aquí hecho harapo.

Y tú - pregunta el hombre- no es común ver a una mujer tan bella sola en un bar, el dueño es un amigo de la familia –contestó- mi mamá solía venir aquí y trabajó un tiempo después que mi papá la plantó para su cumpleaños, ahí comenzó la ruptura de su desdicha nunca tenía tiempo para ella dijo suspicazmente. Hace algún tiempo y antes de irse me confesó una gran historia de un apuesto caballero y una joven aquí en este sitio. Con el paso del tiempo ella enfermó, se fue (+) y regreso acá con tristeza y a la vez con alegría, pues cuando mi papá se alejó de mi madre me contaba historias que había detrás de la barra, historia de la chica y el desconocido; era especial para ella le hacía brillar sus ojos, derrochaba sonrisas, se sentía viva, llena de júbilo-manifestó la joven.

El hombre totalmente reprimido, con un nudo en la garganta y con lágrimas en los ojos (por escuchar a la chica) -dijo. Al verte a lo lejos y observando la foto, la sombra de tu silueta me hizo pensar que eras ella y al acercarme a ti y observar muy de cerca el carmesí de tus labios, tu radiante cabello, tus ojos brillantes, tus gestos, el lugar, la algarabía me jugó un “déjà vu” cavilé en volver a verla, pero al contarme tu relato supe que no; hoy es su cumpleaños ¡cierto! Brindo por ello, hace 22 años me enamoré en este bar y creo que tu madre y yo somos los de la historia «Perdona, hija»

Sueño, pienso y escribo nada personal... (Gabo)

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